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febrero 21, 2012

"Tiene derecho a permanecer hetero. Cualquier cosa que diga puede ser utilizada para demostrar su heterosexualidad. Tiene derecho a una pareja del sexo opuesto. Si no puede conseguir una pareja del sexo opuesto, los portales como Meetic, eDarling, su familia y la iglesia le facilitarán la tarea de conseguir una..."

"Tiene derecho a venir a mi despacho,
quitarme la ropa y follarme salvajemente"
A veces, cuando me paro a pensar en las implicaciones de ser gay, me da rabia el hecho de tener que dejar claro que eres homosexual si no quieres que te estén preguntando constantemente "¿y ya te has echado novia?". Y es que ser gay sigue siendo la excepción que confirma la regla, una desviación de los cánones normales que transcurren por territorios heterosexuales. Lo normal es que crezcas, seas un playboy, ligues con mil tías, te eches novia formal cuando se te ocurra sentar la cabeza, te cases -por la iglesia, que le hace mucha ilusión a la tía Antonia-, te vayas de luna de miel, folles como un cosaco, dejes preñada a la parienta, tengas hijos, eduques a tus hijos, no puedas con tus hijos, esperes que tus hijos sean unos playboys... El ciclo de la vida, vamos. Sin embargo, nadie espera que seas maricón. O bollera, que es la versión femenina pero con las mismas implicaciones. Porque eso significa que algo ha ido mal, que no ha salido como estaba planeado.

Siempre se repite la misma historia (y ya no puedo más, cantaba el Camilo Sesto). Los familiares, los amigos, los conocidos... Al principio te hace gracia -pobres ignorantes, piensas tú mientras sonríes recordando que el último que tuviste entre tus brazos no se llamaba precisamente Noelia-, pero después, ya cansa. E indigna. Porque los heterosexuales no tienen que ir por ahí dejando claro en todo momento que lo son. Se les presupone. Tú, si no dices nada, también eres heterosexual. Por defecto (que dirían los programadores informáticos). Pero si dices algo para dejar claro que te gusta más un hombre que a un tonto un lápiz, sabes que te expones a varias reacciones. Buenas, malas o de esas que te apetece callar con un zas en toda la boca, pero siempre hay reacciones. Seguidas de preguntas, además: ¿desde cuándo? ¿por qué? ¿estás seguro? ¿pero has probado con una tía?

Como yo ya me estoy cansando del tema, me he preparado una respuesta para cuando me vuelvan a preguntar lo de la novia. Una respuesta para quedarme con el personal y para reírme, aunque sea en mi interior, de la situación y demostrar, al mismo tiempo, que la homosexualidad es tan normal como la heterosexualidad. ¿Tienes ya novia? -me preguntarán. Y yo contestaré: ¿Conoces, por citar algún ejemplo, a Pierre et Gilles, Robert Mapplethorpe, Gus Van Sant, Jean Marais, Paul Morrisey, Pier Paolo Pasolini, Anthony Perkins, Rupert Everett, Alejandro Amenábar, Andy Warhol, Francis Bacon, David Hockney, Allen Ginsberg, John Maynard Keynes, W. H. Auden, Thomas Mann, Oscar Wilde, Jean Cocteau, Michel Focault, Edmund White, Stephen Fry, Freddy Mercury, Elton John, George Michael, Gianni Versace, Jean Paul Gaultier o Brian Kinney? ¿Sí? Pues yo igual de gay que ellos.

DB22

febrero 17, 2012

Señor Louie Gohmert;

Me dirijo a usted a raíz de las declaraciones que ha hecho en las que dice que el matrimonio igualitario falta el respeto al espermatozoide y al óvulo. Espero que estas líneas sean de su agrado y le ayuden a comprender nuestro mundo, el de los espermatozoides.

Desde que tengo uso de razón, y he sido uno de los espermatozoides más listos de mi quinta, he crecido con la idea de que uno vive para buscar a su óvulo perfecto. Así nos entrenaron, con esa ideología, durante intensas jornadas de actividades forzosas -y al parecer, placenteras-, en las que no podía evitar ver cómo muchos de mis compañeros se iban para no volver jamás. Pánico corría por el lugar cada vez que la temperatura subía -y no era lo único que se izaba- y se nos informaba que el sujeto en el que vivíamos había conseguido quedarse sólo en casa y estaba a punto de ver un vídeo de Falcon Studios, que vaya usted a saber qué diantres es eso. El caso es que cada vez que ocurría, por los informes que manejamos podemos aventurarnos a decir que solía ser de noche, millones de nuestros camaradas se iban en búsqueda de un óvulo que nunca encontrarían. Y así, durante largos años de adolescencia. ¿Quién rinde homenaje a los espermatozoides caídos en batalla de esta manera? Nadie se atreve a alzar un cenotafio conmemorativo. Aquí se levantan muchas cosas, pero de respeto encontramos muy poco. Prosigamos.

Momentos antes de perder
a compañeros espermatozoides
Los oscuros tiempos que llamamos como periodo negro o adolescente -por lo "dolescente" de la situación que se repetía a menudo- dieron lugar a una época más sosegada, llamada juventud. Es en esta época en la que las jornadas informativas y las charlas educativas se sucedían con mayor regularidad. Yo mismo incluso acudí a varios congresos, como "hacer feliz a un óvulo es fácil si sabes cómo" y "ovulo 3.0. El futuro ovulístico en tus manos". Sin embargo un día, el pater spermatozoidus, el chamán de la tribu, el líder de la manada, el sargento de nuestros días (creo que ya queda claro que era el espermatozoide que manejaba el cotarro) nos dijo, con mucho pesar, que nosotros no íbamos a encontrar un óvulo. Nunca. Muchos de mis compañeros no soportaron la noticia, deseaban suicidarse y provocaban alzamientos populares para salir al exterior lo antes posible y así dejar de ser espermatozoides vivitos y coleando. Pero nos tocaba ser fuertes y asumirlo. Después de todo, como decía una cantante llamada Lana, monárquica como ella sola, que últimamente escuchábamos bastante en el campamento, we were born to die.

Pero todo cambió. Llegó un día en el que descubrimos que realmente, no todos los espermatozoides habíamos sido engendrados para buscar un óvulo. Que era cruel la intensa batalla que librábamos nosotros y nuestros hermanos por conseguir alcanzar un óvulo que, a veces, incluso nos ninguneaba. Empezamos a escuchar canciones como "I will survive", empezamos a hacernos fans del spermbook de Donna Summer y a salir por el ambiente cada fin de semana. Nos dimos cuenta de que nuestro destino era el mismo que aquellos que buscaban un óvulo, pero visto desde un ángulo diferente. Aprendimos a vestir mejor y dominamos todas las tonalidades de blanco como si nuestro mentor hubiera sido Jasper Jones. Éramos espermatozoides a la última. Y los demás nos envidiaban, nos temían, nos repudiaban, aunque nosotros no sabíamos por qué. ¿Quién respetaba entonces nuestras decisiones? 



Causantes de muchas bajas en combate
Descubrimos que muchos óvulos de los que nos ninguneaban lo hacían porque nosotros, los espermis, no les atraíamos nada. Querían estar con otros óvulos. Rollo bollóvulo. ¡Qué genial! No estábamos sólos. Incluso uno de los espermas de nuestro grupo de amigos, el Josua, nos confesó que él se sentía MariJose. ¿Y qué hicimos nosotros? ¡Apoyarle, faltaría más! Poco a poco descubrimos que de nada de respeto, sino más bien de mentira. Habíamos vivido en una gran mentira que nos inculcaba una sola y única visión de un mundo complejo y plural. 

Volviendo a lo que nos ocupa, señor Louie Gohmert, se cree usted que es el abanderado para defender nuestro respeto. Deje de defendernos y apóyenos. Apoye el derecho de todo espermatozoide y óvulo a hacer lo que quiera. A todo tío y tía (los recipientes en los que nos encontramos) a disfrutar del sexo con quien quiera y a vivir su vida feliz. El día en el que ustedes nos respeten como deben, ese día será uno de los más felices de nuestras vidas. Y aunque en ello nos vaya la vida, lo celebraremos con una gran corrida. Aunque sea la última cosa que hagamos. Pero la habremos hecho de forma consciente y feliz. 

Atentamente
Un espermatozoide maricón.

P.S. Ahora somos tan felices que hasta protagonizamos carteles de películas aclamadas por la crítica cinematográfica. ¡Toma que toma que tomatá!

DB22